domingo, 8 de noviembre de 2009

TAN SOLO... UN INSTANTE

La primera vez que escribi, tu me ayudaste... hace ya un tiempo por algunos dias como estos, cuando apenas nos conocimos y empezamos algo juntos...


Es cierto y nunca lo he negado, siempre te he extrañado desde tu partida... pero bueno en estos dias en el que cargo con tu recuerdo en una mano, mientras con otra una botella... recuerdo todo lo que pasamos juntos y que siempre agradecere a la vida por brindarme momentos contigo....


Este escrito fue en inspiraciòn tuya... y aunque quien sabe si lo vuelvas a leer como ese dìa yo queria recordarlo...


TAN SOLO... UN INSTANTE


Ya es de noche y tan solo pienso en el día que ha transcurrido, saco un cigarro que un compañero me ofreció en la mañana. Me dispongo a encenderlo, pero un destello acapara mi atención, es el mismo reloj que parpadea cada vez que la hora marcada tiene que señalarme su término.

Hace frío y no tengo más que una tasa de café en mi mano y en la otra el cigarro, que poco a poco se consume, conforme lo inhalo, siento el paso de sus sustancias por todo mi cuerpo. Eso no me quita el frío, pero me ayuda a olvidarlo, tan solo por un momento.

Abro un libro, que estaba cerca de mí, pero no logro conseguir concentrarme, tan solo lo aviento para tratar de sacarte de ahí adentro, de ese lugar donde naciste y nunca pensé sacarte.

Estaba tan aturdido que busque en un morral cerca otro cigarro, el cual estaba junto a una foto, como para hacerme así más difícil olvidarte. Prendo el cigarro y contemplo esa foto, que te tome, pues tú eras mi mundo, mi todo.


Una lagrima rueda por mi mejilla y no la limpio, dejo que recorra mi cara, la puedo sentir cada centímetro que toca mi piel fría, la recargo en tu foto que ahora toca mis labios, los cuales con un pequeño murmullo dicen -¿Por qué?-

Porque te ame, porque te conocí, porque me enamore, porque, porque... Me siento y veo el foco que esta suspendido sobre mi cabeza, su brillante luz me hace retroceder a ese día cuando te bese, ese día cuando el sol me destello al momento que estreche mis labios con los tuyos y con un te quiero nos quedamos abrazados, suspendidos, como si el tiempo hubiera parado nuestro alrededor y nos hubiera dejado amar ese fría tarde.

Vuelvo a levantarme para dejar tu foto encima de una mesa que esta cerca de mí, me limpio esa lágrima que recorrió mi cara y que poco a poco estaba logrando desaparecerse. Apago el foco para así dar paso a la luz de la luna que acapara mi atención.

Por mas que no lo quería hacer así, ese nuevo destello me brinda otro recuerdo magnifico de nosotros, ese noche fría que no lograbas protección contra el frío, me diste un calido abrazo y con un beso dijiste –Nunca te apartes de mi-. Provoco de nuevo el resurgimiento de una lágrima que rodaba por el camino de mi piel.

Me di la vuelta para ignorar la belleza de su luz y me quite mi ropa, quite las cobijas de esa cama, que tantas veces sintió tu piel desnuda, tu cuerpo, que esa noche tanto anhelaba el mío, tan solo para sentirlo de nuevo un instante, tan solo un instante.


Me levante como si un día anterior hubiera corrido de mi casa a la tuya, pero no era mi cansancio sino por el no poder sacarte de mi cabeza, tan solo un instante.

Abrí el refrigerador y tome un poco de leche del bote con un pan que estaba encima de la alacena. Doy media vuelta para sentarme en esa mesa que había sentido la humedad de mis lágrimas y había sufrido como yo el no tener del otro lado esa mañana tu ternura, tu cara angelical, tus ganas, tu ser.

Observo el piso del comedor y estaba ahí, como si me observara, tu foto que esa noche trataba de huir para no verme sufrir, como lo habías hecho tú.

Contemplo de nuevo detalladamente tu foto mientras muerdo el pan que me hacia pasar mi trago amargo de la noche anterior.

Vuelvo a dejar la foto encima de la mesa y me visto con ropas ligeras para tratar así de perderte con el frío que rodeaba mi piel.

Abrí la puerta para prender un cigarro que estaba escondido en mi ropero, y vi la puerta de la azotea que estaba al final de las escaleras. Me dispuse a observar como estaba el día y observe que el sol mostraba un color rojizo, como el de mi corazón que estaba lastimado.

El frío que rozaba mi piel y el cigarro que disfrutaba empezó a hacerme reflexionar -¿porque?-.
En realidad te acababa de perder o tan solo fue el final de lo que ya había pasado y nuca quise darme cuenta, ¿Cuándo fue la ultima vez que te vi reír como cuando nos divertíamos de novios?
Fue mi apatía y mi estupidez o a lo mejor fue que tu eras alguien tan ocupada que no me volviste a dar esa oportunidad de acercarme a tu nuevo mundo, a tu mundo que alguna vez jure estar por siempre en el.

Un ruido acaparo mi atención, un gato había tirado un bote cerca de un tanque de gas. El gato logro observarme detenidamente y con esa mirada me recordó la tuya, cuando yo por mi estupidez te llegue a herir. Ese día me lanzaste con una mirada la pregunta -¿Por qué lo hiciste?-. Con esa mirada penetrante que mostraba al corazón lastimado que había dejado y que si bien lo quería por ese momento lo llegue a herir, y aun con esa herida, el me mostraba una luz que me haría recuperarte y no dejar que te volvieras a ir, o bueno que logre pensar que no te dejaría ir, hasta aquel día.


Con una media vuelta que esa mirada me hizo recordar a la tuya me hizo volver en si. Volví a voltear para ver ese sol rojizo y con una lagrima que volaba con el aire me despedí de el para bajarme y abrir la puerta, esa puerta negra que muchas veces había sido una dulce espía de nuestro amor, nuestras despedidas, nuestros besos, nuestras pasiones que con gran recelo guardaba y no contaba.

Tan solo logre cerrar mi puerta y un sonido de timbre largo y desesperado indicaba que alguien necesitaba verme, abrí la puerta negra y ahí estaba, ahí parada esa mujer que yo tanto había amado. Una lágrima sobre su mejilla indicaba que no era el único que sufría por la ausencia de esa persona que tanto quería.

Con una voz tartamudeante dijo: -¿Qué salio mal?-. Atónito lo único que sentí con gran deseo fue estrecharla entre mis brazos, los mismos brazos, que tanto anhelaban sentir ese cuerpo y con un beso selle sus labios.

Con un beso, que como la primera vez, había detenido el tiempo para dejarnos amar tan solo por un instante…como si fuera una eternidad…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Recopilando un poco de la locura