domingo, 18 de julio de 2010

RECORRIENDO CAMINOS


Creo haber dormido tan solo tres o cuatro horas antes de que los rayos del sol me despertaran para estudiar de nuevo, mientras me dirigía aquel lugar donde me volvería a enfrentar a mi destino.

Sentado en el camión abrí un poco más la cortina para dejar entrar los rayos del sol que me darían un poco más de calor, pues el aire ya había congelado casi todo mi cuerpo. Encendí el ipod y puse algo de música tranquila para poder estudiar, mientras trataba de concentrarme en el caso en concreto, visualizando de nuevo todo el expediente clínico de una semana de elaboración.

Volví a ver la ventana casi al entrar a la ciudad de Guerrero y entre aquellos cerros vislumbra tu cara en ese color rojizo que tenía el alba, cuando entre las sabanas de la cama tus mejillas rojas me miraban al empezar el día.

Baje la mirada y una lagrima broto rápidamente. Tome mi camisa para secarla, mientras un hombre ya grande me observaba detenidamente.

-¿Por qué sufres hijo?- decía el viejo mientras cerraba la revista que iba hojeando desde que desperté.

- No es nada señor- mientras rápidamente trataba de centrar mi atención en el expediente que trataba de estudiar.

-¿Te gusta leer y estudiar?- me preguntaba mientras miraba el alba detenidamente.

-Si- con voz dudosa respondía a su pregunta, cerrando así el expediente y centrando mi mirada en su cara de aquel señor ya grande, y sus ojos que se cristalizaban, los ojos azules como el agua del mar.

-Ahí no se aprende a sentir amigo mío- decía la voz de aquel señor mientras volvía a ojear su revista

-Disculpe- decía con una voz cada vez con más dudas al no saber a que se refería el señor.

- Lo que estudias no te enseñara a sentir, así que no trates de refugiar lo que sientes debajo de todas esas notas…- el hombre tomo su chaqueta y cerro la revista, tan solo hizo un gesto para despedirse y se paro rápidamente.

En el autobús tan solo se oyó la voz del chofer que anunciaba la llegada a nuestro destino. Aturdido no supe lo que había pasado, trate de acomodar todas mis cosas y descendí rápidamente del autobús.

En la sala uno de la terminal una familia estrechaba al señor, mientras una señora ya grande se recargaba en su hombro con ternura y delicadeza como si fuera la primera vez que se hubieran visto.

En una mano sostenía el portafolio y en la otra una chaqueta mientras me congelaba ante la imagen de aquella familia en la sala de espera. Tan solo di media vuelta y seguí mi camino en un taxi hacia un Juzgado.

En el camino observe la costera y trate de perderme en el mar y las palabras del señor, tratando de ver lo que él podía ver y lo que yo nunca había visto, pues sus palabras las pude sentir que habían tocado una parte de mi que decía que era cierto. En el refugio de las hojas que leía nunca había encontrado algo semejante.

Salí de aquel lugar corriendo para regresar de nuevo por la noche, mientras trataba de comer algo de manera rápida entes de irme de aquel lugar.

Llego la hora de salir de la central, tome mi asiento y encendí el ipod mientras observaba que no había nadie a mi lado. Deje mis expedientes en el portaequipaje superior de mi asiento y con el teléfono en la mano observe su pantalla detenidamente.

No hay mensajes nuevos

Lo encendí y abrí el correo electrónico. Mientras con aburrimiento observe:

Tiene 3 mensajes nuevos. Asunto: Trabajo

Apague el teléfono para guardarlo mientras volteaba a la ventanilla, observe como me alejaba por el corredor de la playa para de nuevo llegar la carretera. Subí el volumen y cerré mis ojos con fuerza, pues tenía los ojos tan cansados que no podía cerrarlos.

Deje pasar el tiempo y en mis sueños tan solo volví a recordar la imagen que me paralizo aquel día. Entre sueños tan solo escuche una voz a lo lejos que anunciaba de nuevo la llegada a nuestro destino.

Me puse la chaqueta y tome el portafolio, descendí lentamente por el autobús hasta llegar a la sala de espera en la terminal de autobuses.

-Casi las diez de la noche- pensé mientras observaba mi reloj.

Alcé la mirada en la sala de espera, pero era cierto no había nadie, me acerque a una máquina para tomar un café. Sentado tan solo vi como me hacia invisible ante el ruido y el movimiento de toda la gente, con un trago enorme trataba de quemar mi pecho que se sentía congelado.

Agarre de nuevo mis cosas y salí de la central, tome el paraguas y del otro lado de la avenida tome un taxi.

-¿A dónde va?- me preguntaba el chofer mientras cambiaba la estación de su radio a un poco de jazz nocturno.

- No se- respondí con un poco de miedo.

-Pero hoy tan solo lléveme a casa- dije pensándolo y divagando en la noche de aquel viernes lluvioso.

El taxi se perdió en medio de las vías de esta inmensa ciudad, entre las sombras de la misma, como si fuéramos un viejo recuerdo que se pierde con el paso del tiempo.

AUTOR: LOPEZKIN
FOTOGRAFIA: IOSHY

3 comentarios:

  1. tu escrito tuvo algo màgico, al leerlo iba imaginando como acontecian las cosas... :)

    - ¿A dónde va?-

    - No se...-

    -Pero hoy tan solo lléveme a casa-

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  2. desgraciadamente no todas las istorias tienen el final de las peliculas, recuerde hermano NO HAY QUE RECORDAR PARA VIVIR, HAY QUE VIVIR PARA RECORDAR...
    carpe diem, disfrute la Locura,la cual,locura todo...

    lo espero el viernes para unos tragos en casa

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  3. Qué cosa hay más sabia, que la voz de la experiencia y lo que dijo el señor debe tener toda la razón, ocultarse tras unas notas no se aprende a sentir.

    Y si en lugar de ir a casa la ruta hubiera sido otra...

    Qué interesante escrito!!


    saluditos

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Recopilando un poco de la locura