domingo, 30 de enero de 2011

ACABE CONTIGO, EMPECE CONMIGO...






Hace tres meses apenas el otoño empezaba y el cansar era muy pesado, trataba día con día de encerrar unos sentimientos y hacer el trabajo que me era encomendado, pero no lo lograba hacer, aun seguía sosteniendo el revolver y apuntándome con el frio cañón en la frente esperando se saliera un tiro que borrara tu imagen.

Era inevitable y decidí buscar aquella mujer que me ayudaría a borrar aquella imagen de la persona que ame y de nuevo volverme a helar la sangre para no expresar ningún sentimiento al momento de disparar el arma para robarme una vida más, para volver a ser aquel pistolero.

Viaje a ese lugar misterioso al sur de mi país. Llegue por avión a la ciudad, a un hotel casi vacío donde se hacia el contacto con la persona que me ayudaría. Dieron las doce y apenas pise, el teléfono ya sonaba y detrás de esa llamada la voz de una mujer indicaba la dirección.

-Tienes 20 minutos- decía en forma firme y clara.

Deje la maleta en aquel lugar y pedí un taxi para dirigirme lo más rápido posible a aquel sitio, mientras me relajaba con las canciones que el chofer ponía.

Al llegar toque a la puerta tres veces y de aquella fachada rustica una mujer de edad un poco avanzada y de facciones muy refinadas salió a atenderme. Con saludo gentil pero a la vez fuerte entre por aquella puerta pequeña.

Atravesamos la sala y el comedor hasta un pequeño cuarto que parecía haber sido anteriormente una recamara. Todas las habitaciones parecían ser mágicas y siempre con una peculiaridad, con libreros llenos de tantos libros que daba la sensación que llegarían a estallar dichos muebles.

-Interesantes libros- decía en voz alta para ver que información podía obtener, mientras por mi mente también pensaba que dichos libros eran singulares, pues ninguno tenía título y las pastas duras que los rodeaban semejaban a libros pertenecientes de una gran biblioteca.

-Gracias, aunque a decir verdad he de decir que no son míos, tan solo resguardo de ellos con tal recelo que he llegado a quererlos tanto como si lo fueran, pues de ellos con gran orgullo he de decirle señor que vivo- decía la señora mientras se acomodaba en un pequeño banco, posándose de frente a una pequeña cama.

-¿Aquí serán almacenados mis recuerdos entonces, tras la pasta de alguno de estos libros?- decía con voz atónita mientras comprendía poco a poco lo que empezaba a significar aquella solución que había encontrado.

- No habrá dolor, ni sufrimiento, no habrán pesadillas o miedos, no habrán recuerdos felices ni tampoco tristes, no recordara nada de lo que ha vivido anteriormente, los mismos serán inmortales antes las pequeñas letras de este libro que estoy sosteniendo señor- decía con voz avariciosa mientras veía como ansiaba poder saber mis secretos que pudieran revelarse detrás de mis recuerdos.

-Tan solo es por trabajo, la verdad ya no me interesan- mientras con una lagrima trataba de ocultar que eran importantes.

-Siempre son de sicarios los libros de mi estancia, pues es la habitación más grande de esta casa para almacenarlos- decía la señora mientras preparaba una pipa con una mezcla de hierbas, en lo que me acomodaba en aquella cama.

Mientras fumaba lentamente tan solo sentía como caía en un abismo que yo solo iba creando y aunque trataba de esforzarme dentro de ese gran sueño no había formas, ni personas que me ayudaran a salvar ya no había nadie ahí para hacerlo en una imagen que pudiera recordar.

Abrí los ojos y sentía como la mirada de una señora sin sentido atravesaba mis pupilas firmemente, mientras tomaba una taza de café expreso en la cafetería a la cual desconocía como había llegado.

-Sabes hijo el estudiar tan solo acarrea más problemas, bien una vez me lo dijeron, esto no soluciona nada tan solo lo empeora, pero créeme que hay momentos como estos que con una taza de café vuelve a la calma mi alma- con voz apresurada se dirigía ante los ojos de incertidumbre que mostraba y su mano acariciaba con lentitud la pasta roja de un pequeño libro.

-Pídele al tiempo que él sea el único que te sepa guiar y tal vez encuentres la paz de esto que tú has provocado- decía con voz triste mientras secaba sus labios con un pequeño pañuelo y se retiraba lentamente.

Con ojos de admiración saque la cartera que traía y pague el café mientras con aceleración me dirigía al hotel. Tome la maleta que estaba ahí y regrese a mi casa. Llegue y repose unos instantes en el sillón, pero ante tal desorientación saque el revólver de su funda.

Empecé a llorar al ver que llevaba la mira a otro objetivo que no fuera mi cabeza y sin comprender empecé a reír…


REGRESE SIN ENCONTRAR AQUEL LEJANO LUGAR, REGRESE SIMPLEMENTE A LUCHAR POR EL QUE VIVO, AUNQUE ELLO IMPLICARA HACER GRANDES SACRIFICIOS... esto vale la pena...

1 comentario:

  1. hermano, es un gran orgullo para mi poder leer estas letras, estas historias tan magicas y digo esas historias en la cual io me siento identificado! y tienes mucha razon "...Pídele al tiempo que él sea el único que te sepa guiar...".

    Mucho exito hermano y espero nos siga deleitando con mas sentimientos encontrados...

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Recopilando un poco de la locura