viernes, 13 de mayo de 2011

La noche no engaña, la vida no miente y las letras no sienten...

El chaval tenía en mente que nada en la vida era fácil, también del perder se podía hacer una gran teoría, los besos, las caricias, los orgasmos, no eran cuestión de 2 minutos, las historias son ciegas como la noche en pleno verano, sentía un corazón de papel a pesar de tener más plomo que una batería de auto, las palabras que decía tenían menos coherencia que un padre pegándole a su vástago por pegarle a un ser inferior…

El chaval decía que las enseñanzas de la vida se escuchan en las canciones, se escuchan de los viejos sentados sobre una silla en aquellos pueblos olvidados, se escucha a través de un machete cortando una garganta,  se ven con un buen abrazo, se notan en las lagrimas, pero se sienten en las cuerdas de una guitarra…

El chaval debía dos vidas y estaba por deber la tercera cuando bajo en la dirección equivocada y pago una de las que debía, ya no hubo un hasta pronto, se dio cuenta que la eternidad dura hasta que se acaba, que unas lagrimas derramadas ocultan el odio que se le tiene a una persona, un arreglo floral tiene más sentido que un abrazo hacia una persona, decía que no había que temerle a los demás y tuvo razón el murió por su propio error, se dio cuenta que esa noche no se despidió de su familia porque nunca le gustaba decir adiós…

El chaval había escrito más que un columnista en un diario de política, había leído más que un bibliotecario sin vida misma, pero tenía el mismo valor que un gato sin dueño, el chaval le temía mas a su lengua que a una .45 apuntándole entre ceja y ceja, ocultaba sus sentimientos mejor que una recatada sus atributos, la noche le parecía tan libre tan hermosa tan todo que solo lo podía comparar con la muerte…

El chaval cada que bebía de su gran taza de café se olvidaba de sus grandes temores, cada vez que bebía de su whisky sin hielos se olvidaba de sus inhibiciones, cada vez que comía carne se olvidaba de los buenos modales, cada vez que enloquecía se olvidaba de la locura, pero lo nunca pudo olvidar era que cada vez que tenia sexo se olvidaba del amor…

El chaval sabía que había detrás de la hoja siguiente, sabía que pretexto le pondrían, sabía que esa mina no era para él, sabía que su vida no era la misma que la de los demás, sabía que no tenía sentido llorar sin antes haber reído, sabía que no se comprar el blanco con el negro porque no hay igualdad en condiciones, lo único que no sabía el chaval era que “la noche no engaña, la vida no miente y las letras no sienten”, a pesar de que “en la noche todos los gatos son pardos” la noche no engaña (la percepción si), a pesar de que “se busque la eternidad” la vida no miente (la muerte nos espera), y a pesar de que todo se diga con palabras, las letras no sienten …

El chaval siempre concluía, nada es nadie todo es del jamás…


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Recopilando un poco de la locura