jueves, 10 de noviembre de 2011

X/II/II



No era común el haberte visto, ni haber sabido de ti, los años pasaron tan lentos al principio con el recuerdo en una foto tuya sobre mi tocador, siempre viéndome, siempre estando latente por cada mañana mientras abría las cortinas de mi recamara.

Los días normales pasando y yo con mi vacío podía ver en otra dimensión mi cuerpo mientras yo con mi alma éramos espectadores de una incredulidad magnifica que aliviaba los momentos, los recuerdos y cada segundo que pasaba con tu figura ficticia aun presente junto a mí.

¿Dónde estás?, oía balbucear después de varias botellas de vino con mi alma preguntándonos ¿que nos abría pasado en aquel momento? Desde cuando habíamos perdido la dirección de poder entrelazarnos para sentir nuevamente una caricia o un beso apasionado, mientras sentíamos las caricias del suave aire de otoño.

No había momentos de los tres, momentos míos tan eternos y tan magníficos como los ya vividos, tan solo el momento efímero de alguna vez volver a estar con mi cuerpo o mi alma tras el acelerador de un carro o con un beso de una bella dama.

Los tres ahí viéndonos como extraños no comprendíamos porque podía pasar tardes en la inmensidad de un nuevo paisaje sin poder enfocarnos en el, sin poder respirarlo o admirarlo con los mismo ojos de un total en todas las entes en su conjunto.

Armonía corrompida por nosotros mismo, por un desequilibrio que ya no era ayudado por el espíritu tal vez inmaduro de mi etapa conclusa del ciclo de vida. Ahora todo era diferente, más frialdad, más seriedad, más de todo, menos de mí.

Para ser exacto menos de nosotros tres.

Y cada extraño momento tuyo parecía ser preciso cuando tenía ganas de salir, ahí estaba tu dulce mirada en una imagen que apenas alcanzaba a ver entre recuerdos, para de nuevo volver mi mente a ese momento justo y aunque ya fuera tal vez ella diferente, aún estaba el recuerdo latente y vivo, junto a la idealización que todo el tiempo había cargado en una foto dentro de mi billetera.

Con mi gabardina y bufanda gruesa aun me gustaba recorrer ese parque en medio de una plaza con matices coloniales, justo a mediados de cada otoño, buscando vestigios de como entrelazar mi cuerpo y alma de nueva cuenta.

Y fue justo ese otoño donde de nueva cuenta pasaría, encontrar los vestigios de un viejo amor debajo del árbol aquel en el que pasábamos tardes completas, encontrarnos y de nuevo abrazarnos y tan solo engañarnos.

Ficticio como casi todo lo que había vivido, con todo lo que aún ilusionaba de ella, de nuevo el mismo olor, de nuevo el mismo sentimiento, de nuevo felicidad, de nuevo una copa de vino en el comedor italiano debajo de los arcos coloniales de ese barrio, de nuevo un beso, casi tan especial como si hubiese sido el primero.

Caminando con nuestros brazos entrelazados existía la gran interrogante en mi cara, que no podía contener más mi cuerpo y alma, exigiendo saber que acontecería después del día.

-¿Qué paso todo este tiempo?- le decía incrédulo, esperando encontrar una respuesta que me curara, que me dejara descansar después del pesar que había sentido todo ese tiempo, por lo que me preguntaba a cada segundo, a cada instante.

-Nuestras vidas, eso fue lo único que pasaron…mientras tu recuerdo en mi vida y mi recuerdo en tu vida ahí estuvieron- lo decía con la voz un poco tenue, mientras con fuerza apretaba sus ojos para mantener el llanto.

-¿Y ahora que pasará, será que es tarde?- decía esperando no escuchar la respuesta mientras con la vista miraba hacía el cielo, como cada noche, como cada día, como cada minuto lo había hecho durante los últimos años.

-Nunca es tarde…- decía lentamente, mientras con sus manos sostenía las mías para detenerse cerca de un parque.

Con una caricia de su cabeza sobre mis mejillas nos abrazamos de nuevo para tan solo recordar más que viejos recuerdos, más que unos instantes que ahora al tiempo se volvían efímeros, para saber que nunca había sido tarde.

Con una media vuelta y una sonrisa en cada uno de los rostros cada uno había comprendido que nunca había sido tarde para de nuevo vivir, para de nuevo sonreír, para de nuevo amar; y aunque tal vez nunca sería de nuevo igual que en sus vidas pasadas, ahora era el momento, ahora sabían que nunca había sido tarde para de nuevo vivir.


 

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Recopilando un poco de la locura