domingo, 29 de abril de 2012

Prométeme que no te vas a enamorar


“…El chaval se había enamorado, sabía que no estaba planeado, pero la mina logro enamorarlo, con sus risas, sus besos, sus caricias ¿Quién sabe? Quizá fue solo su manera de ser…”

El chaval llevaba poco tiempo viviendo su nueva vida, whisky, cerveza, trabajo, diversión, amistades, bares, cigarros minas, en pocas palabras excesos, su vida rodaba a paso pausado como su bici, los días laborales, trabajaba y por las noches estaba en las redes sociales, los fines de semana empezaba con ir de estadio a ver a un equipo local o andar de bar observando el soccer en televisión acompañado de cervezas y un plato de carnes frías, al otro día tomaba la bici y recorría 15 km hacia también labores domesticas y si llevaba trabajo a casa lo hacía, cayendo la noche se preparaba para salir de bar uno diferente cada fin de semana con la única intención de liarse con alguna mina hasta que salía del bar y regresaba a casa para detallar a la mina en cuestión con la única intención de divertirse más en la siguiente salida, su nueva vida se había vuelto tan rutinaria como la anterior.


Un día pensando seriamente en regresar a su antigua vida, en su trabajo se encontró a una mina diferente a las que estaba acostumbrado a tratar una mina con ideales, con sueños, una sonrisa cautivadora, un cuerpo escultural, el chaval claramente quedo impactado desde ese día que intercambio palabras con ella, fue una cuestión bastante extraña, desde ese día el chaval había cambiado bastante, rompió con su ética al darle seguimiento personal y no solo profesional a aquella mina, se sentía como un autentico chaval de secundaria.


Desde ese día la rutina del chaval cambio, se afeitaba un poco más seguido, solo iba a un solo bar a ver el soccer, rodaba diario su bici mientras en el camino pensaba en aquella mina, su música también cambio, los corridos desaparecieron y entro la trova canciones de Oceransky, Delgadillo, Lazcano Malo entre otros.
Su aspecto seguía siendo de un delincuente solo que ahora con una sonrisa, no de malicia si no una sonrisa de esas de las que te delatan que eres un ser enamorado, quedo de verse con aquella mina después de un tiempo, la mina “Quien sabe por qué” acepto esa salida (“Claro eso solo pasa en las historias que nos cuentan los demás, nunca en la vida real”) esa salida transcurrió todo normal, palabras y mas palabras, el chaval no la dejo en casa pero recuerda haberle regalado un chocolate (Aunque no precisamente el favorito de la mina, “empezamos mal”) después del seguimiento personal y unas cuantas salidas mas, la mina lo volvió a la realidad al decirle “Prométeme que no te vas a enamorar” el chaval solo asintió y lo prometió aunque por dentro el sabia que ya estaba enamorado, lejos de retirarse siguió en el mismo plano con la mina, buscaba cualquier pretexto para verle, llamarle sin ningún motivo aparente, solo quería saber de ella.


Al cerrar la jornada laboral el chaval escribía sobre cualquier cosa alguna historia ficticia pero siempre cerraba de la misma forma “…El chaval se había enamorado, sabía que no estaba planeado, pero la mina logro enamorarlo, con sus risas, sus besos, sus caricias ¿Quién sabe? Quizá fue solo su manera de ser…” el chaval le decía a la mina que solo la veía por diversión aunque por dentro el sabía que era por algo llamado Amor.

Al pasar de los días el chaval y la mina seguían frecuentándose, cada mirada, cada sonrisa, cada beso eran los culpables de que el chaval se enamorara cada día más.


Un día como cualquier otro, el chaval recibió una llamada, le dijeron que el destino ya estaba escrito y tenía que regresar a su antigua vida, el chaval no lo podía creer, pensaba que el destino había sido el culpable de tener una nueva vida, pero sabía que se había equivocado, esa nueva vida fue causa de que el destino estaba de vacaciones, como suele suceder muy a menudo, a la primera persona que le notifico esta llamada fue a la mina, la cual lo alentó, el chaval no sabía qué hacer, sabía que con el destino no se puede, pero también sabía que él había conocido a aquella mina por algo, tenía ese presentimiento y no la había conocido nadamas por que si, se resigno cuando recordó las palabras de la mina “Prométeme que no vas a enamorar”.


Cuentan las historias citadinas que después de la partida del chaval, la mina siguió con su vida normal, sobresaliente en su trabajo incluso recibió varios ascensos, el chaval ahora se le ve ruleteando en un taxi, se lamenta demasiado de no haber desafiado al destino aquella tarde de domingo, por cierto también vende los escritos que le sigue dedicando aquella mina la cual fue parte de la que el llamo “la nueva vida”.

martes, 17 de abril de 2012

HASTA LOS HOMBRES SIENTEN MIEDO POR LA SOLEDAD



Ya había pasado el tiempo y sin siquiera pensarlo ahí estaba en el piso más alto del corporativo sentado detrás de un escrito elegante de madera, en una cómoda silla giratoria y una computadora nueva.

Aun  con todo los lujos y placeres que ahora mi trabajo retribuía todos necesitamos de alguna guía, de un mentor que nos sepa dirigir, alguien a quien confiarle cosas y poder aprenderle. El mío se encontraba cruzando el pequeño pasillo detrás de la secretaria que discretamente lo tapaba ya que su puerta siempre se encontraba abierta.

Aquel hombre intachable que cerraba los ojos y la boca antes de poder emitir una opinión o idea, siempre el más elegante y puntual de la oficina. Llamado por todos jefe, acostumbraba a pasear entre la gente que era de su personal y contemplar por las tardes la maquinaria que tenía en su empresa.

Un día recuerdo ya era próximo a fin de semana y por lo general había menos trabajo, la libertad de ese día te dejaba pensar más en claro y analizar a detalle que ha pasado días anteriores y de hecho parecía que ese día me conducía hacía el jefe. Días anteriores había tenido una extraña fijación de verlo cada vez que subía después de su recorrido por la fábrica y sus actitudes me causaban una extrañeza que no podía discernir.

Su porte era algo impactante, su voz hacía temblar los cimientos de la empresa, pues no solo el tono grave le daba esa posibilidad, su elocuencia y composición de ideas hipnotizaba a cualquiera que lo escuchaba. Su mirada nunca divagaba, era firme como sus pensamientos e ideas que no defendía a capa y espada, más bien que compartía e infundía en cada uno de las personas a las que hablaba.

Yo en lo personal estas cualidades son las que más admiraba, las que más reconocía, pero a las que también encontraba algunos errores. Tan normal es el error en la condición humana que ni si quiera lo comentaba o usaba de él para poderlo controlar, por el contrario lo veía como un todo en esa persona que admiraba y también respetaba.

Su error como su porte se traducía en el ego, en la forma de su personalidad, en la forma que tenía que ser hacía el exterior. Como algo de lo que no se podía apartar sus cualidades contenían ese elemento que daba hacía los demás un sentir, era más que obvio un odio.

Yo lo traducía no en el miedo a lo desconocido porque tanto sus triunfos como derrotas eran algo visible, sus peleas inclusive eran contadas y narradas como en la antigüedad tras los versos que circulaban por los niveles primeros del monstruo de compañía en el que trabajábamos. Esas historias parecían que lo convertía en alguien indomable con coraje, una persona sin miedo que estaría dispuesta inclusive a arrancarle la cabeza al mismo diablo.

Ese día giré la cabeza después de meditar y como si supiera lo que había hecho al haberlo examinado varios días atrás, él me miró fijamente. Yo no sabía que hacer y aunque su mirada ya no me infundía miedo, la incertidumbre de sus pensamientos era la que me hacía temblar por dentro, esa vibra la podía sentir a través del pasillo que nos separaba.

Dejo a un lado todo y solo vi como cruzaba el pasillo hasta mi oficina con un trago que tenía en la mano, cerró la puerta de mi despacho y se sentó en la pequeña sala de mi oficina recargándose cómodamente y agitando la copa que llevaba en la mano.

Deje la carpeta y trabajo que tenía sobre el escritorio y me senté en el sillón de su lado derecho más cerca de lo acostumbrado, ya que sabía esta plática era algo más que una sola consulta o negocio por hacer. 

Tome un cigarrillo y me dispuse a fumar.

-¿Sabes que uso por lo general en mi cuello?- me preguntó con un tono entre risa como de ironía

-Creo siempre traes un dije en tu cadena- lo dije en tono dudoso y sin tomarle importancia pues el tema no quería abordarlo.

-Una cruz…y tu sabes ¿por qué?- lo decía en voz grave mientras agitaba su whisky

Había una delgada línea justo en aquel momento en el quería bloquearme y no seguir platicando, pues en mi posición la religión y la política para mí eran cosas que si los trasgredía con cualquier persona podía derrumbar los cimientos de la relación.

-No sé – le dije en tono despectivo como si no tratara de ponerle importancia

-¿Sabes cuanta gente depende de esta industria? ¿Sabes cuanta gente ayudo con el trabajo que hago? ¿Sabes que lo que hago repercute en más de una esfera de individuos?- lo decía en tono sorprendido y a la vez un poco furioso ante mi actitud de negar su plática con mi mirada.

Hubo un pequeño silencio y tan solo contemplándolo no había solución al acertijo de su mirada y el temor de sus ideas en mi cabeza era de nuevo latente.

-¿Y cuanta gente crees ahora podría ayudarme en mi vida diaria?- Lo decía con tono de preocupación y ya más relajado al ver que de nuevo había acaparado mi atención.

El silencio era de nuevo latente y cada vez más incomodo.

-Esa incógnita muchas veces ha provocado en mi el miedo, la soledad y la incertidumbre de ponerme a pensar que si no es por mí, quien sino soy yo podría ayudarme, más aún para mi el saber que hay alguien más arriba de mí y a él entregarme en mis momentos de debilidad me ayuda para tener fe y esperar que solo cosas buenas puedan pasar.- decía en voz baja mientras con una lágrima se despedía de mi oficina sin hacer ruido alguno para agarrar sus cosas e irse a casa.

Mi cara era ahora de duda y asombro ante esa situación, tome un vaso y sorbí un pequeño trago de un whisky que tenía en el servibar.

Cuando era pequeño a  él mismo lo veía como el más grande superhéroe que podía vencer con su valentía hasta los más temibles monstruos; al ser un adolescente cambió a la figura más bien de un maestro que me guiaba a cada momento en mi vida, el consejero que siempre sabía que hacer o que decir.

Pero ahora con ese simple hecho cambió mi perspectiva de aquella figura que se encontraba detrás del despacho, aquella figura que infundía respeto y admiración, esa persona también era un hombre como cualquiera. Mi padre me enseño con ese simple hecho que hasta él era un hombre con temores como cualquiera.

Un hombre que debajo de su traje y su corbata también había temor, también habían sentimientos, también se podía oler el miedo de sentir la soledad.

Ese día salí de la oficina y deje los problemas adentro del despacho, me despedí del personal que trabajaba e incrédulo con otra visión escuchaba los comentarios de los pasillos, pensando lo ingenuos o vacios que pudieran ser al respecto de emitir un juicio sin conocer todas estas circunstancias.

Llegue a casa, abrí la puerta y me dispuse a reír un rato en la mesa, mientras veía con ánimo la televisión con mi familia y con una mirada rápida veía que detrás del periódico que era leído por mi padre en el comedor también había un hombre que pocos podrían concebir.


martes, 10 de abril de 2012

Como recordarte hoy


Hoy fue totalmente diferente, desperté un poco tarde y el pecho me dolía profundamente, había dormido encima de mi mano por toda la noche, mientras el sudor y la angustia se hacía presente en el dolor intenso de cabeza que tenía ese día.

Decidí tomarme unos minutos más y tal vez dibujarte en el extraño techo de mi recamara, pero ahora era diferente, los trazos eran extraños ya no había semejanza a lo que yo hacía de ti. Los recuerdos más que borrosos ahora parecían extraños sin algo que los pudiera identificar como míos.

Así mejor decidí dar la vuelta sobre mi cama y cerrar los ojos, algo extraño había pasado. Los recuerdos empezaban poco a poco de lo que había recordado durante la noche. Pero en mi el sentir me enchinaba poco a poco la piel chinita y decidí mejor levantarme a tomar un poco de café.

El despertador hizo el llamado de la tardanza que llevaba y mejor decidí de nuevo seguir adelante por la premura de saber que iba demasiado tarde. El agua caliente me tomaba preso suyo en la ducha mientras en el espejo trataba de recordar las cosas que no podía dejar desapercibidas.

Cada flashback era un golpe a mi corazón y el dolor era cada vez más duro tan solo los momentos que estaban en ese momento fueron los más difíciles que había dejado al verla partir. Sin embargo ahora estaba en medio de un extraño recordatorio que no sabía de que era parte, ni de donde había salido.

Era normal el día con el exceso de trabajo, la presión y los momentos en que no podía ni reconocerme a mi. El disfraz el mismo de siempre, debajo de una corbata los secretos que nadie podía imaginar en el corazón que ya no recordaba ni yo. Tan solo me detuve antes de salir para ponerme unas mancuernillas y detenerme a verlas lentamente como se asemejaban a la primera letra de tu nombre.

Ahora el pensamiento era diferente, me mantuvo como en un estado de placer, al más lejano momento que había guardado en esa etapa de mi vida recordé la primera vez que me había acercado. La primera impresión de la que me empecé a enamorar, tu nombre.

Y cada vez que despertaba del recuerdo me angustiaba un poco más, las regresiones eran algo que no podía comprender algo que no podía fijar. Los recuerdos tuyos se iban esclareciendo poco a poco pero no parecían del todo concretos la silueta era borrosa y por ciertos lapsos cobraba una imagen que no aceptaba como tuya.

Tome una vía principal de la ciudad y con el estéreo a todo volumen observaba el cielo detenidamente, cada nube era algo que me hacía de nuevo recordar y justo al pasar debajo de un anuncio que señalaba la próxima salida a una avenida que conocía algo me motivo para seguirla.

Ahí estaba en un lugar que tenía más que tiempo que no  visitaba, era algo que parecía mis recuerdos querían conmoverme, yo mismo me aniquilaba al pasar por ahí observando otras parejas ahora más jóvenes. Ahora observaba la misma banca en la esquina de la calle y regrese de nuevo a drogarme lentamente por esos pocos segundos que duraba el semáforo en alto con mis recuerdos.

Era hora de dejar todo atrás, tome la carpeta rápidamente al llegar a la oficina y mientras oía a mi secretaria mi mirada iba recorriendo el piso poco a poco tratando de coordinar mis pies, tal vez no quería tocar con la suela las intersecciones del mosaico de la oficina.

Al llegar a mi despacho cerré la puerta y deje a un lado lo que tenía que hacer para reírme un poco. Mi secretaria por un momento se quedo consternada y sin saber que hacer tan solo pregunto por mi estado, al parecer más que físico se refería al mental, al cual con la misma risa hice un movimiento con la cabeza para asentar me encontraba bien.

Tan solo salió por la puerta mirando la carpeta y sin saber que hacer cerró nuevamente la puerta la secretaria. Todo fue en ese momento risas y con mi cuerpo reposando en mi silla giratoria observe con una risa que la punta de mi zapato había tocado una intersección.

Ahora eras más clara el rostro estaba ahí en ese recuerdo justo detrás de una risa que compartimos justo cuando me abrazabas fuertemente para evitar jugáramos por horas juegos que nadie sabía. Es el momento de sentir el dolor de ver ahora mis brazos descubiertos, justo en medio de la nada sin más que sentir más que frio y no el calor que me dio un día la alegría de estar a tu lado.

Había regresado por el timbrado del celular que anunciaba la entrada de una llamada. Abrí el celular y escuche la voz de una mujer a la cual solo entendí solo lo que yo deseaba en ese momento. Escapar de mi realidad y mi fantasía para por un momento ser un yo que pocos conocían.

 Deje a un lado el trabajo y corriendo tan solo escuchaba a lo lejos el trabajo y pendientes que tenía ese día. Mi secretaria gritaba y preguntaba, mientras con su cara mostraba más preguntas que las de por si pensaba por verme en un estado de estupidez inusual. Los pasos ahora eran firmes y directos a un objetivo en ese día.

Acelere de nuevo ya en mi carro, como lo suelo hacer menos veces ahora. Tome la primera salida a una vía principal y vi como las hojas de los arboles se movían a un solo compas como para tratar de detenerme, como para tratar de ayudarme.

Llegue a mi cita impuntual como siempre y tras una pequeña disculpa me senté a degustar un café. Me quede viendo a mi amiga que se encontraba frente a mí, ella era una persona especial que amaba de manera única con tanta fuerza que solo recordaba que su compañía siempre había aliviado esos momentos de tristeza.

La plática no llego a tomar importancia solo hasta el punto que confesé lo que había acontecido ese día. Su sonrisa como siempre me hacía sonrojar, la sonrisa que me señalaba como un ingenuo, que me decía que era un error mi percepción. Era hora de escucharla.

Llore de felicidad al escuchar sus palabras, reí nuevamente por lo que me hizo recordar y con el sabor dulce amargo del café que tomábamos deje cerrar mi tarde de recuerdos. Decidí enfocarme en ese momento por la tarde que empezaba a cambiar por el viento que se sentía, por la amenaza de lluvia que se veía en el cielo.

Decidimos retirarnos para refugiarnos en el departamento de mi amiga quien con gusto me invito a pasar para no mojarme. Y justo al llegar a la sala había una foto de lo que fui yo y de lo que fuiste tú para mí. La tome del vidrio y la sentí justo con las yemas de los dedos. Ahora eras clara, ahora eras el recuerdo que me hacías falta desde ya un tiempo.

No resistí más y salí del apartamento, tome mi abrigo y con un beso suave con una lagrima me despedía de mi amiga para salir a otro lado lejos de tu imagen.

Tome el camino más largo a un lugar desconocido, sin rumbo empecé a caminar debajo de la lluvia. Al final de la calle había una pequeña librería y pensé sería un buen lugar para pasar el tiempo.

Justo antes de entrar ahí estabas comprando un libro de esos que siempre te habían gustado, de esos que pasabas enseñándome mientras yo dormía entre tus brazos. Y así mejor decidí contemplarte antes de recordar nuevamente tu voz.

Tan solo recuerdo haber llegado justo ante ti y decir cómo te había ido, mientras tú con la incógnita de negar mi voz volteabas para de nuevo abrazarnos por un instante. Dos minutos me bastaron para saber que estabas bien, para saber que aún eras real, algo que a lo mejor ese día mi cuerpo necesitaba y sabía donde lo iba a encontrar.

Salí sin comprar nada y con mi saco como paraguas volteé por última vez para contemplarte a lo lejos, para recordarte nuevamente y  verte aun debajo de la lluvia que nublaba mi mente.




martes, 3 de abril de 2012

El porte del leon


La noche como siempre era el lugar perfecto de aquellas enseñanzas que marcaron mi vida, sin embargo las circunstancias como el bar en que me encontraba o el hecho de que al fondo de esa cantina estuviera sentado con un completo extraño, ese día no cobró importancia.

Recuerdo perfectamente anterior a ese día que había estado observando semanas atrás a un hombre que se sentaba justo en el rincón de la cantina, pedía una mesa amplia y se ponía a degustar una bebida que nunca alcanzaba a ver que era. Su compañía siempre era un encendedor que sacaba para prender los cigarros que fumaba durante su estancia y que al terminar pulía con sus dedos índice y pulgar.

La imagen era la de un caballero que imponía  con cada movimiento a toda la gente en la cantina, sus gustos excéntricos de vestimenta no rayaban en ninguna vulgaridad, por el contrario cada pieza que portaba creaba una armonía perfecta de su cuerpo. La imagen perfecta en el fondo de la cantina como un imán que atraía personas con el simple hecho de postrar su mirada sobre él.

Su vida parecía un misterio y su imagen apenas  era vista por los hombres, que incrédulos entre voces escuchaba que a esa persona solo podías o admirarla o despreciarla. Pocas noches llegaba a compartir mesa con alguna mujer, que a simple vista se podía observar como caía tendida antes sus talentos y porte que no cualquiera contaba.

Aquel hombre era una mujer con las mujeres y un caballero con la gente, respetaba e intimidaba con su voz grave, mientras con la mirada podía contemplar con delicadeza a una mujer o retar hasta el más valiente de los hombres dentro de la cantina.

Ese día sabía que algo me había atraído para estar justo sentado ahí, su mirada y conocimiento ya no reprochaban las circunstancias que desprendían mi alma del cuerpo ahora sentado frente a él. Todo lo tenía medido y calculado, cada paso dado el ya lo había analizado una y otra vez sin descansar.

No habíamos hecho plática de introducción y los protocolos se volvían todo pues en nuestro primer saludo las voces graves ponían las cartas sobre la mesa, iba a ser una partida interesante. Ese momento en que yo puede aterrizar mi ser estaba justo ahí, contemplando el fondo que se veía en mi primer vaso de coñac.

No sabía que veía en mi, ni porque había aceptado me sentara en su mesa e inclusive dejara pasar mi estancia con él en un silencio incomodo. Tan solo contemplaba cada movimiento que hacía, hasta tal punto que llegue a sentir como ese hombre se convertía en mi sombra.

Ahí justo en medio de la nada saco su cigarro y lo prendió con un encendedor viejo de color plateado, el cual llevaba grabado un nombre que apenas y podía ver, ya casi ilegible ante los rayones naturales que se hacen por el tiempo en ese tipo de material.

Y así mientras fumaba y detenía con una mano el cigarro, con sus dedos índice y pulgar de la mano derecha frotaba lentamente su encendedor para poder guardarlo.

-Y tu ¿ya sabes que quieres?- dijo con voz grave como si el hecho de haber estado ahí un tiempo nos permitiera dejar en platica ya temas a lo mejor más personales a los que esta uno acostumbrado discutir en una primera platica.

-¡Quiero tu puesto!- incrédulo y demandante lo exigí, como si el reto fuera solo una declarativa de aceptación para hacerse de ese lugar.

Sin importancia y ante el panorama que ahora estábamos inmersos aquel caballero se sentó despreocupado con los brazos casi abiertos y en una posición cómoda en el asiento, fumando varias veces y exhalando lentamente, viendo fijamente a la pintura que se encontraba en la parte superior de la pared que teníamos frente a la mesa.

Aquel momento fue de gloria para mí, el momento era especial ya no había más que decir que ahora pertenecía aquel mundo que quería, más aún pensaba prontamente que mi joven experiencia y mis ganas de salir como un perro a atacar la yugular de mis adversarios ahora daban resultados.

Aquel hombre ya había aceptado la derrota, pensaba ingenuamente, ante la posición que nos encontrábamos ahora, haciendo inclusive prontamente conclusiones de una retirada pronta de ese sujeto para así yo hacerme de un nuevo lugar.

Dos segundos saco su encendedor y lo froto nuevamente con sus dedos y como de la nada se había levantado el león que estaba ahí sentado hasta dejar impactados a todos en aquel lugar. La cantina se paralizó, nadie había contemplado un porte como el de aquel caballero. Sus movimientos y postura intimidaban cuando volvía a hablar con elocuencia y propiedad que ni siquiera un orador podría imaginar.

Justo en ese momento ahí estaba parado en medio de la playa, sintiendo una suave brisa que me hacía viajar, viendo como las olas se aproximaban y yo solo las contemplaba antes de aquel golpe de manera abrupta.

-Y como pretendes dejar de soñar, si ni siquiera tu mente se encuentra aquí, haz dejado de estar cada momento que me has demandado dichas pretensiones.-con voz grave las pocas palabras había dejado en claro la poca experiencia que aun tenía en ese momento, mientras sus manos y su cuerpo me enredaban para llevarme al abismo de su ser e hipnotizarme con su declaratoria.

No había para donde voltear ahora me encontraba yo ante la inmensidad de la ola que me iba a arrastrar y aún así estaba consciente de que aquel momento iba a caer, pero no más que al solo simple hecho de saber que iba a aprender algo nuevo antes de llegar ahí y que si bien aún no era el momento de retarlo, en ese momento me hacía pensar que un día también llegaría ahí.

La noche el mejor lugar para aprender y dejar enseñar  todo lo que un día había vivido. Ahora era mi turno, ahora con calma podía ver la pintura enfrente de la mesa en la cantina, por supuesto aquella pintura llamada vestiges de Salvador Dalí ahí se encontraba.

Recordé la imagen de aquella ola que yo construí dentro de mi mente, como la de un gran tsunami. La imagen de la ola que ahora representaba y quería enseñarle al joven que tenía enfrente llegaría de manera abrupta a golpear sus jóvenes ilusiones.

Moví  la ceja lentamente para dejar  en claro mi objetivo, mientras con la mano en el encendedor tallaba con los dedos índice y pulgar los bordes del grabado de un nombre que tenía, para recordar aquel maestro que me enseño y llevo de la mano a este mundo real.

Era hora de empezar la función y dejar todo atrás, justo en la bolsa del saco ahora se encontraba el encendedor. Ahora me disponía a ser el caballero que siempre quise y con el porte del león puse encima la mirada de acecho sobre el joven sentado enfrente de mi mesa recordando a cada momento a donde iba a ir.