martes, 10 de abril de 2012

Como recordarte hoy


Hoy fue totalmente diferente, desperté un poco tarde y el pecho me dolía profundamente, había dormido encima de mi mano por toda la noche, mientras el sudor y la angustia se hacía presente en el dolor intenso de cabeza que tenía ese día.

Decidí tomarme unos minutos más y tal vez dibujarte en el extraño techo de mi recamara, pero ahora era diferente, los trazos eran extraños ya no había semejanza a lo que yo hacía de ti. Los recuerdos más que borrosos ahora parecían extraños sin algo que los pudiera identificar como míos.

Así mejor decidí dar la vuelta sobre mi cama y cerrar los ojos, algo extraño había pasado. Los recuerdos empezaban poco a poco de lo que había recordado durante la noche. Pero en mi el sentir me enchinaba poco a poco la piel chinita y decidí mejor levantarme a tomar un poco de café.

El despertador hizo el llamado de la tardanza que llevaba y mejor decidí de nuevo seguir adelante por la premura de saber que iba demasiado tarde. El agua caliente me tomaba preso suyo en la ducha mientras en el espejo trataba de recordar las cosas que no podía dejar desapercibidas.

Cada flashback era un golpe a mi corazón y el dolor era cada vez más duro tan solo los momentos que estaban en ese momento fueron los más difíciles que había dejado al verla partir. Sin embargo ahora estaba en medio de un extraño recordatorio que no sabía de que era parte, ni de donde había salido.

Era normal el día con el exceso de trabajo, la presión y los momentos en que no podía ni reconocerme a mi. El disfraz el mismo de siempre, debajo de una corbata los secretos que nadie podía imaginar en el corazón que ya no recordaba ni yo. Tan solo me detuve antes de salir para ponerme unas mancuernillas y detenerme a verlas lentamente como se asemejaban a la primera letra de tu nombre.

Ahora el pensamiento era diferente, me mantuvo como en un estado de placer, al más lejano momento que había guardado en esa etapa de mi vida recordé la primera vez que me había acercado. La primera impresión de la que me empecé a enamorar, tu nombre.

Y cada vez que despertaba del recuerdo me angustiaba un poco más, las regresiones eran algo que no podía comprender algo que no podía fijar. Los recuerdos tuyos se iban esclareciendo poco a poco pero no parecían del todo concretos la silueta era borrosa y por ciertos lapsos cobraba una imagen que no aceptaba como tuya.

Tome una vía principal de la ciudad y con el estéreo a todo volumen observaba el cielo detenidamente, cada nube era algo que me hacía de nuevo recordar y justo al pasar debajo de un anuncio que señalaba la próxima salida a una avenida que conocía algo me motivo para seguirla.

Ahí estaba en un lugar que tenía más que tiempo que no  visitaba, era algo que parecía mis recuerdos querían conmoverme, yo mismo me aniquilaba al pasar por ahí observando otras parejas ahora más jóvenes. Ahora observaba la misma banca en la esquina de la calle y regrese de nuevo a drogarme lentamente por esos pocos segundos que duraba el semáforo en alto con mis recuerdos.

Era hora de dejar todo atrás, tome la carpeta rápidamente al llegar a la oficina y mientras oía a mi secretaria mi mirada iba recorriendo el piso poco a poco tratando de coordinar mis pies, tal vez no quería tocar con la suela las intersecciones del mosaico de la oficina.

Al llegar a mi despacho cerré la puerta y deje a un lado lo que tenía que hacer para reírme un poco. Mi secretaria por un momento se quedo consternada y sin saber que hacer tan solo pregunto por mi estado, al parecer más que físico se refería al mental, al cual con la misma risa hice un movimiento con la cabeza para asentar me encontraba bien.

Tan solo salió por la puerta mirando la carpeta y sin saber que hacer cerró nuevamente la puerta la secretaria. Todo fue en ese momento risas y con mi cuerpo reposando en mi silla giratoria observe con una risa que la punta de mi zapato había tocado una intersección.

Ahora eras más clara el rostro estaba ahí en ese recuerdo justo detrás de una risa que compartimos justo cuando me abrazabas fuertemente para evitar jugáramos por horas juegos que nadie sabía. Es el momento de sentir el dolor de ver ahora mis brazos descubiertos, justo en medio de la nada sin más que sentir más que frio y no el calor que me dio un día la alegría de estar a tu lado.

Había regresado por el timbrado del celular que anunciaba la entrada de una llamada. Abrí el celular y escuche la voz de una mujer a la cual solo entendí solo lo que yo deseaba en ese momento. Escapar de mi realidad y mi fantasía para por un momento ser un yo que pocos conocían.

 Deje a un lado el trabajo y corriendo tan solo escuchaba a lo lejos el trabajo y pendientes que tenía ese día. Mi secretaria gritaba y preguntaba, mientras con su cara mostraba más preguntas que las de por si pensaba por verme en un estado de estupidez inusual. Los pasos ahora eran firmes y directos a un objetivo en ese día.

Acelere de nuevo ya en mi carro, como lo suelo hacer menos veces ahora. Tome la primera salida a una vía principal y vi como las hojas de los arboles se movían a un solo compas como para tratar de detenerme, como para tratar de ayudarme.

Llegue a mi cita impuntual como siempre y tras una pequeña disculpa me senté a degustar un café. Me quede viendo a mi amiga que se encontraba frente a mí, ella era una persona especial que amaba de manera única con tanta fuerza que solo recordaba que su compañía siempre había aliviado esos momentos de tristeza.

La plática no llego a tomar importancia solo hasta el punto que confesé lo que había acontecido ese día. Su sonrisa como siempre me hacía sonrojar, la sonrisa que me señalaba como un ingenuo, que me decía que era un error mi percepción. Era hora de escucharla.

Llore de felicidad al escuchar sus palabras, reí nuevamente por lo que me hizo recordar y con el sabor dulce amargo del café que tomábamos deje cerrar mi tarde de recuerdos. Decidí enfocarme en ese momento por la tarde que empezaba a cambiar por el viento que se sentía, por la amenaza de lluvia que se veía en el cielo.

Decidimos retirarnos para refugiarnos en el departamento de mi amiga quien con gusto me invito a pasar para no mojarme. Y justo al llegar a la sala había una foto de lo que fui yo y de lo que fuiste tú para mí. La tome del vidrio y la sentí justo con las yemas de los dedos. Ahora eras clara, ahora eras el recuerdo que me hacías falta desde ya un tiempo.

No resistí más y salí del apartamento, tome mi abrigo y con un beso suave con una lagrima me despedía de mi amiga para salir a otro lado lejos de tu imagen.

Tome el camino más largo a un lugar desconocido, sin rumbo empecé a caminar debajo de la lluvia. Al final de la calle había una pequeña librería y pensé sería un buen lugar para pasar el tiempo.

Justo antes de entrar ahí estabas comprando un libro de esos que siempre te habían gustado, de esos que pasabas enseñándome mientras yo dormía entre tus brazos. Y así mejor decidí contemplarte antes de recordar nuevamente tu voz.

Tan solo recuerdo haber llegado justo ante ti y decir cómo te había ido, mientras tú con la incógnita de negar mi voz volteabas para de nuevo abrazarnos por un instante. Dos minutos me bastaron para saber que estabas bien, para saber que aún eras real, algo que a lo mejor ese día mi cuerpo necesitaba y sabía donde lo iba a encontrar.

Salí sin comprar nada y con mi saco como paraguas volteé por última vez para contemplarte a lo lejos, para recordarte nuevamente y  verte aun debajo de la lluvia que nublaba mi mente.




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Recopilando un poco de la locura