lunes, 1 de octubre de 2012

JUGANDO CON EL DESTINO O ¿TOMANDO DESICIONES?


 Aquel día llevaba prisa, o bueno eso me hacía yo mismo creer en mi imaginación, para llegar a una cita que tenía pendiente y que gran pesar llevaba desde días anteriores. La cita me había dejado atónito al recibirla mediante una carta de la empresa, día tras otro en esa misma semana tan solo se llevaba mis dudas las noches ante el poco sueño que a veces tenía.

Por las noches mis pensamientos viajaban hasta llegar a ese día, y el miedo invadía mi ser. Podría congelarme ante una decisión que pareciera insignificante pero que pocos podría comprender el peso que tenía.

Trabajaba y me retiraba, llegaba a mi casa y por más que salía e incluso platicaba de mis interrogantes mi ser era el que no quería estar convencido ante los ánimos que mis amigos me daban. 

Siempre mi mente observaba a las estrellas o al infinito, donde fuera lejos del lugar que estaba para buscar dentro de otros parámetros el uno aliento y ganas que necesitaba, las mías.

Estaba justo entonces en aquel día bañándome y perdiendo el tiempo antes de llegar a la cita. Me desperté como lo acostumbrado y use un traje de los que más me gustaba. Active el gps antes de partir y en el punto de reunión justo en el kilometro 76, ahí se encontraría mi enfrentamiento.

Salí de la ciudad a una velocidad considerable, tratándome de frenar yo mismo para volver a analizar y detenerme a poder verme en el tiempo que transcurría. Me puse unas gafas oscuras y decidí dejarme llevar por las pocas curvas que tenía la carretera y mejor puse énfasis en el manejo y juego de mi carro dentro del asfalto.

El sol en su máximo esplendor tan solo hacía que sudara mi frente de una manera incontrolable, igual que el primer día en el que me presente en una empresa.

-¿A dónde quieres llegar?- recuerdo fueron las primeras palabras del Director de la empresa, ante mi cara de asombro y mi frente sudorosa que tenía ese día.

Aun lo recuerdo y empiezo a carcajearme, cuando con una incertidumbre me pare en su oficina y pedía tan solo un empleo, sin saber que dentro de esa empresa conseguiría algo más que un solo empleo en el que me usarían, como se usa cualquier cosa que se usa en esta vida.

Por supuesto no podría faltar una canción suave de rock mientras viajaba. Con melodía suave y una letra medio depresiva, tan solo me arrancaba sonrisas en lo que aceleraba mi carro. La razón ninguna, el motivo sin apariencia, pero los ánimos que me ponía era lo único por lo que se me ocurría la traía dentro del playlist de viaje.

Justo a la mitad de viaje y en el territorio de mi gran país llegue a la parte más difícil del lugar, justo a una terracería donde ninguna señal de vida había. El presentimiento de que algo pasaría me invadía y justo en el momento que parecía había librado cualquier incertidumbre de que algo extraño pasaría, me quede a la mitad de la nada con la llanta ponchada de mi carro.

Después de patear la llanta mil veces y maldecir debajo de los rayos del sol, tome calma y hable a una asistencia técnica, para que tan solo me brindaran algo que tan irónicamente me faltaba, una herramienta.

A la mitad de a nada y justo en uno de los campos que estaban a la orilla de la carretera un señor ya grande con un menor se encontraban viendo unos frutos que brotaban de la tierra. Me decidí acercarme y pedir ayuda para evitar el paso del tiempo que ahora sentía estaba pasando tan de prisa.

Al llegar corriendo de la carretera y con el cansancio de haber estado debajo de los rayos del sol mis palabras fueron confusas:

-¿Podría brindarme ayuda?- Le dije a la persona más grande, la cual tenía toda su atención en un fruto que brotaba de la tierra y tenía sobre sus manos para enseñarle al menor.

Sin embargo si tomarme en cuenta las palabras del viejo tomaban y seguían su camino con la atención del niño y ahora mía para poder entenderle.

-Toda la naturaleza tiene el cálculo exacto, no hace nada si meditarlo y brindarlo… Este fruto no es fruto, hasta que no le llega su hora y muy importante es saber que para ello tuvo un proceso paulatino y bien exacto…No podemos forzar a la naturaleza que nos de algo que no es o simplemente que aún no es…- Y así con esas últimas palabras el niño se dispuso a llevarse un pequeño fruto mientras con sus dedos removía la tierra que en éste se contenía.

Nos alejamos para tomar descanso cerca de una palapa improvisada que tenía y mientras compartíamos algunas palabras en lo que tomábamos un poco de agua. A lo lejos ya observaba como llegaba la ayuda que ya antes había solicitado.

Deje todo a un lado y sin prestar atención me enfoque en mi destino, tan solo le agradecí al señor ya adulto por su ayuda y palabras brindadas para de nuevo emprender mi camino.

Casi media hora tarde de retraso ya afuera del estacionamiento en la fábrica a la que iba a llegar, observe en el vidrio de mi asiento el reflejo mío en el, para acomodarme la corbata y el traje antes de poder pasar ante el Consejo de la empresa.

Al entrar el consejo tripartito estaba en la mesa esperando la respuesta de la pregunta que ya anteriormente me habían formulado. Las tres personas enfrente de mí con sus respectivos puntos de vista tan solo observaban cada uno de mis movimientos, y mientras observaban lo que iba a decidir con mi mirada podía entenderlos y analizarlos.

Era claro que el entrar al círculo de poder no sería fácil, tan solo requería de ver los elementos que lo conformaban, los cuales a cada movimiento trataban de dominarme, poniendo los ojos entre duda como esperando saber si sería capaz de poder con la nueva responsabilidad que iba a traer mi pronunciamiento.

Tan solo decidí callar mejor y levantarme de la mesa, al ver que me retiraba los accionistas me pidieron una respuesta.

-Para que responder si saben que soy el indicado, todos ustedes creen en los imposibles, y lo seguirán haciendo, hasta que conozcan mi historia. Tardaré en escribirla pero no por ello dejaré que en mi escritura llegue a componerla lo imposible.- con un nudo en la garganta, tan solo observaba como me miraban con gran confusión y a la vez admiración.

Salí de la sala de juntas y pedí a mi nueva asistente me llevará una taza de café a mi despacho. Justo detrás de ese escritorio esa misma tarde empecé a escribir una historia con el ánimo de superar las barreras de lo imposible.

Y si ahora lo imposible para mí era inexistente, ni siquiera su pronunciamiento me ponía a temblar cuando firme por primera vez un documento de la empresa, aquel que me daba el poder de cambiar la visión de hasta los más incrédulos.

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