lunes, 15 de julio de 2013

Estar Recluido en mi propia jaula

“…Recuerdo cuando aun pensaba en comprarme un tráiler y hace de las autopistas mi hogar, lejos de todo lo que no quisiera tener o ser…”

Nunca imagine estar recluido en mi propia casa, en este lugar tan alejado de la sociedad y las buenas costumbres, camino a un municipio condenado al olvido en el cual llegue hace algunos años, envuelto en la soledad como llegan los coyotes, jamás pensé que fuera un prófugo de la justicia, aunque se lo merecía ese hijo de puta por haber hecho tanto daño a esta sociedad, no sé cómo tuve el valor para hacerlo, pero he soñado demasiadas veces el momento exacto en que la .9 mm que traía ajustada al cinturón canto tres veces para desfigurarle el rostro y así mandarlo con el grande, era un saludo para el patas de cabra le iba a enviar a parte de su ejército de uno en uno.

Me inicie en el narcotráfico a los 19 años, yo vivía en un municipio donde el progreso estaba sumergido en el catolicismo, nuestras aspiraciones era llegar a ser un grande como el hacendado, nos divertíamos jugando al futbol con un balón con más parches que nuestra sociedad, que grandes recuerdos, ese día andaba bien ajuareado porque fui a recibir una beca que gane para ir a la capital a estudiar la Universidad, fui a buscar a los pocos amigos que me quedaban para que me dieran una despedida como lo habíamos hecho con aquellos que se habían ido a los Estados Unidos buscando aquel futuro que nadie supo si lo alcanzaron o no, esta despedida era un gran protocolo dar una vuelta caminando por el pueblo, después jugar el último partido con ese balón que tanto habíamos pateado, después ir a darse un baño en las cristalinas aguas del manantial que teníamos en el pueblo, nos vestíamos como si fuéramos a la misa de las 7 de la tarde los domingos, pero íbamos a 23 kilómetros de nuestro pueblo, íbamos a la cantina donde había muñequitas que a cambio de unos cuantos pesos nos daban caricias y el festejado se llevaba a un par a la cama.

Pero esa tarde algo cambio, no recuerdo si fue estando con la primera o segunda muñeca, cuando entraron unos enviados del diablo que era como les llamábamos, iban a reclutar a los más bragados, Salí de la habitación al escuchar un gran alboroto y al llegar un revolver me estaba esperando apuntando a mi cabeza, no sé por qué no tuve miedo, solo recuerdo que le dije, “no tienes huevos para jalarle ¡pendejo!” de inmediato el que traía el revolver solo sonrió y respondió “eres un pendejo como mucha suerte, pinche vato hediondo” al terminar la frase me le fui a los golpes, al tenerlo en el suelo quizás pasaron 60 o 70 segundos que a mí me parecieron una eternidad, le golpeaba la cara hasta cuando el dejo de poner resistencia, tenía el rostro desfigurado y mis puños tenían demasiada sangre, me separaron mis amigos, me levantaron y me decían que nos fuéramos del lugar, pero yo insistía en que no y me regrese a patearlo en el piso, no iba a permitir que ningún pendejo me echara a perder mi despedida, al estarlo pateando escuche un estruendoso disparo, quizás fue al aire, pero eso no me paro y seguí pateando a ese tipo hasta cuando sentí un golpe que me hizo retroceder, un tipo con un fusil de asalto me estaba apuntando, después de una serie de preguntas, me propuso un gran trabajo en el cual no tenía opción más que aceptar, así que a partir de esa noche mi suerte cambio, nunca me presente a la universidad ni tampoco le mendigue al gobierno los pesos para la beca, en cambio empecé a llevar carros de un lado a otro, recuerdo cuando aún pensaba en comprarme un tráiler y hace de las autopistas mi hogar, lejos de todo lo que no quisiera tener o ser, hasta cuando me dieron papeles de un tipo que tenía tan mala suerte no tanto de que lo hayan matado, si no de que ese tipo era igualito a mí, y empecé mi andar en los Estados Unidos.

Allá seguí de burrero pero ahora ya me pagaban en dólares, después de algunas trifulcas con los que no querían pagar me ascendieron a matón aunque nos decían que éramos gatilleros y ahí fue cuando al patas de cabra le empezaba a enviar de uno a uno a los soldados de su ejército, la imagen de “Cristo” había sido sustituida por un busto de “Malverde”, la “Guadalupana” había cambiado por la “Niña blanca” el Dios al que me habían enseñado en creer ahora se había convertido en puros cueros de rana. Quizás un año en esas tierras tome el control de la plaza de Este a Oeste mi vida cambio pero aun así el matrimonio jamás paso por mi cabeza yo tenía a la morrita que me gustaba, cuando me daban unos días de descanso me gustaba ir a las tiendas grandes y comprarme mucha ropa, los mejores vinos y habanos nunca faltaban, hablaba inglés fluido al poco tiempo cosa que me permitió saberme expresar sin motivo de que causara sospecha de que fuera un inmigrante con documentos que no eran míos, me paseaba en una camioneta Mercedes Benz y tenía una renta de una casa a la orilla de la playa en Malibu, mi vida era tan diferente, cuando iba a los partidos de la selección mexicana los veía a ras de la cancha, me gustaba ir a las galerías de pintura y a veces me veían apostando en las carreras de caballos, me presentaba como un empresario e incluso tenía unas acciones compradas en la bolsa, pero en verdad mi negocio era hacer levantones de gente, comprarle a los Colombianos y Mexicanos para después venderla en Estados Unidos, tenía también una jauría de polleros que pasaban diario a cerca de 70 personas y de ahí sacábamos 3 o 4 para que trabajaran con nosotros.


Todo iba de maravilla hasta que un día el Jefe me mandó llamar, quería platicar conmigo había sido su mano derecha por 7 años y las cosas iban de maravilla, me propuso regresarme a México por quinta vez, ahí el cartel no avanzaba de buena forma pero mi vida ya la tenía en Estados Unidos, esta vez no había vuelta de hoja ya tenía órdenes de regresar, solo atine a tentar mi Pistola y dispararle 3 veces en la cara, en cuanto cayó desplomado sus ojos me reflejaban angustia, terror, miedo, compasión, fue cuando corrí me subí a la troca hice unas llamadas, le pedía a mi mano derecha que se quedaba a cargo solo que me mandara unas cosas a Tijuana, esa noche las quería yo, yo estaba en Tijuana me quite aquella barba de candado que tanto me distinguía y me corte el cabello, me puse unos jeans, una camisa y unos DC, fácil me mezclaba entre la gente de la ciudad, las cosas me llegaron a la hora acordada, era el momento idóneo para rehacer mi vida, con varios millones en mi bolsa, con una identidad olvidada en México era el gran momento de empezar una vida diferente, compre un terreno en Tancitaro Michoacán, hice una casa campirana sin muchos lujos que tenía la dualidad de ser un depósito de cerveza, al tiempo compre unas huertas de aguacate para invertir lo que traía, ahora soy muy querido en estas tierras, doy apoyo a las personas que quieren seguir estudiando y tengo una casa que la presto a los maestros normalistas que vienen a cumplir sus funciones aquí, ahora estoy casado una belleza michoacana, tenemos dos hermosos hijos, pero eso no me quita ser un prófugo de la justicia, ni estar recluido en mi propia jaula.

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