domingo, 27 de abril de 2014

Mi último deseo

No había más pensamientos y escritos volviendo atrás. No había ya una foto tuya o algún recuerdo con el que mi mente volviera a divagar justo en ese momento en el que estaba contigo. Eras un fantasma de dulce recuerdo, aquel que una vez me enseño que debía ser fuerte nuevamente para seguir.

Aún con ello no faltaba vez que te pudiera recordar y aún pronunciar tu nombre entre un susurro por la mañana, justo después de una noche en el que la luna me jugaba alguna broma justo con tu recuerdo.

Y a pesar de ello seguí aquí detrás de mi escritorio, viendo la ciudad desde el piso número treinta y preguntándome donde te encontrarías en aquel momento.

Podrías estar perdida en medio de la multitud que veía como se cruzaba la Avenida Reforma, o tal vez comprando un café del edificio donde trabajo y aún así no me hacía la idea de una probabilidad en la que cruzara la misma acera contigo de lado a lado sin poder reconocernos ahora.

¿Y todas las veces en el que podía reconocer tu aroma a kilómetros de distancia para justo llegar a ti?

Pareciera que la ciudad te había ocultado y las veces que susurré tu nombre tan solo alejaban mi destino a poder verte tan solo una vez más. Una única vez en la que pudiera decir: Hola.

Aún con esto no esperaba que comprendieras mi nuevo destino, ni mi nueva imagen, no quería que me acariciaras o abrazaras. Ni si quiera esperaba una lagrima que rodara entre nosotros si llegáramos a saludarnos.

Quería la nada contigo y la abstracción de poder contenerte tal vez en una imagen que mis ojos pudieran recordar un tiempo más, pues cada fantasma que ahora recordaba alejaba la esencia de lo que alguna vez considere amor.

Que tan fuerte era el amor por ti, que ahora que lo pienso el dejarte partir ha sido como el dejar que el viento se lleve lo que has aprendido y del amor que podía sentir con esa partida se ha llevado lo que aprendí.

Las palabras para empezar ya no las  recuerdo, y perseguir la felicidad cada día me hace más fuerte pero más distante de ti.

¿Qué quiero?


Que si algún día lo llegaras a leer pudieras sonreír, aún cuando tuvieras una vida hecha y alguien más te susurre con palabras de amor cada día que despiertes. Pues al terminar de escribir esto yo lo pude hacer.


2 comentarios:

  1. ¿Quien no ha pedido ese deseo? Hermano quizás lo que yo no he podido jamás entender es, ¿porque queremos la línea recta cuando sabemos que las curvas es lo que más emociona? Ojalá algún día ella pueda sonreír y esta vez sea de nueva cuenta por usted hermano...

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  2. Ah, cuando te dejan la huella que es dificil quitar. Y lo de decir el nombre de pronto, de la nada. ¡Agh! Es odioso.

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Recopilando un poco de la locura